“La formulación de un problema es más importante que su solución” – Albert Einstein
El aumento de la productividad ha sido, y sigue siendo, uno de los objetivos eternamente presentes en la agenda de muchas organizaciones, tanto privadas como públicas. En algunos casos, como ocurre en España, la situación ha ido aún más allá hasta el punto de convertirse en una preocupación de ámbito nacional.
Resulta sin embargo descorazonador oír o leer las declaraciones que muchos políticos, empresarios y personajes socialmente relevantes realizan habitualmente sobre este tema en los diversos medios de comunicación, haciendo que uno se pregunte cómo es posible que personas en posiciones de esa trascendencia sigan siendo tan desconocedoras y ajenas a la realidad.
¿Qué significa realmente productividad en la Era del Conocimiento? Porque no debemos olvidar que las definiciones clásicas de productividad datan de la época en la que el trabajo era mayoritariamente del tipo “cadena de producción”, incluso cuando nos referimos a trabajo de oficina, ya que esta circunstancia queda claramente patente en cómo se formuló el concepto.
Así, productividad se define tradicionalmente como la relación entre la cantidad de productos obtenida por un sistema productivo y los recursos utilizados para obtener dicha producción. También puede definirse como la relación entre los resultados y el tiempo utilizado para obtenerlos.
Como puede observarse, se trata de una definición exclusivamente cuantitativa.
Reflexionando sobre algunos de los rasgos característicos de dichos entornos, podemos observar que:
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La productividad del sistema es la productividad de la cadena de producción, por lo que tiende a ser estable a lo largo del tiempo, sobre todo en el corto plazo. Las mejoras productivas suelen ser resultado de cambios puntuales en los procesos y/o en la tecnología utilizada y no fluctúa de forma significativa en períodos cortos de tiempo. Por otra parte, las pérdidas de productividad suelen estar asociadas a problemas aislados tales como averías mecánicas, fallos de suministro, etc.
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La tarea y el tiempo disponible para hacer la tarea están en perfecta armonía. No se concibe que un trabajador en una cadena de producción acabe de trabajar antes que sus compañeros, se quede sin nada que hacer o termine más tarde que el resto de trabajadores, ya que el ritmo lo marca la propia cadena de producción y el trabajador simplemente se limita a seguirlo
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La urgencia, importancia y prioridad de cualquier asunto viene normalmente marcada por criterios objetivos asociados a la línea de producción. Dicha urgencia, importancia y prioridad, por la propia naturaleza de la cadena, son conceptos relativamente estables en el tiempo
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El ritmo de cambio y de aparición de nueva información es lento. Los cambios tienen lugar de forma gradual y, por lo general, se cuenta con tiempo suficiente para asimilar la nueva información y reaccionar ante ella
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Antes de que la cadena comience a producir, ha tenido lugar una labor previa en la que se ha analizado la forma más efectiva de hacer las cosas, las herramientas necesarias y los factores que afectan a la producción, identificándose el ritmo y la secuencia de trabajo óptimos. El trabajo que hay que hacer está por tanto perfectamente definido, por lo que la tarea es evidente y no hace falta pensar en ella. Además, es fácil saber cuando has terminado porque puedes ver el resultado
En estos contextos, suficientemente objetivos, estables y predecibles, los métodos de productividad basados en planificación de tareas, códigos ABC o la matriz de Eisenhower basada en urgencia e importancia, funcionan bastante bien.
Sin embargo, a día de hoy, un alto porcentaje de los trabajos en los países desarrollados no pertenece a la categoría “cadena de producción”, ya que este tipo de actividades han sido automatizadas o desplazadas a otros países donde la mano de obra es más barata.
Esto significa que, en un altísimo porcentaje, el trabajo que se hace hoy en día en la mayor parte de las organizaciones pertenece a lo que Peter Drucker denominó “trabajo del conocimiento”.
A diferencia del trabajo tipo “cadena de producción”, en el “trabajo del conocimiento”:
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La productividad del sistema es la suma de las productividades de las personas que lo forman, por lo que está sometida a frecuentes fluctuaciones a lo largo del tiempo. Las mejoras productivas son el resultado acumulativo de las mejoras en los hábitos productivos de las personas, los procesos, las estructuras organizativas y la tecnología utilizada. Por otra parte, las pérdidas de productividad suelen estar asociadas a malos hábitos de trabajo, improvisación ante la ausencia de procesos bien definidos, estructuras organizativas obsoletas e ineficientes y al uso incorrecto o a la infrautilización de la tecnología
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La tarea y el tiempo disponible para hacerla rara vez están en perfecta armonía. Lo habitual es que la carga de trabajo exceda de forma significativa la cantidad de tiempo disponible para hacerla
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La urgencia, importancia y prioridad de cualquier asunto viene con frecuencia marcada por criterios subjetivos individuales, a menudo simplemente jerárquicos. Por su subjetividad, dicha urgencia, importancia y prioridad suelen ser relativas y están sujetas a constantes fluctuaciones a lo largo del tiempo
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El ritmo de cambio y de aparición de nueva información es muy rápido. Los cambios tienen lugar de forma permanente y resulta prácticamente imposible procesar y asimilar toda la nueva información para poder reaccionar debidamente ante ella
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Antes de hacer algo hay que decidir qué es, si necesita acción y en qué momento, ya que el trabajo que hay que hacer no está definido y por tanto la tarea no es evidente. Para saber cuando se ha completado la tarea, hay que identificar cuál es el resultado deseado en cada caso. El trabajador del conocimiento debe constantemente analizar situaciones, evaluar alternativas, considerar riesgos, distribuir recursos, identificar oportunidades… Actividades todas ellas que requieren pensar antes de hacer
En estos contextos, subjetivos, inestables e impredecibles, los métodos de productividad basados en planificación de tareas, códigos ABC o la matriz de Eisenhower basada en urgencia e importancia, no funcionan, ya que todos ellos parten de la premisa de que la validez de las decisiones que se tomen en un momento dado se mantendrá estable a corto y medio plazo, algo que sencillamente no ocurre.
En el plano concreto de las personas, si en la Era Industrial, la productividad de un trabajador venía definida por la cantidad de cosas que hacía en un período de tiempo, en la Era del Conocimiento, la productividad de un trabajador viene definida no tanto por la cantidad de cosas que hace en un período de tiempo sino, sobre todo, por la calidad de las decisiones que toma respecto a qué hacer y qué no hacer durante ese tiempo.
En este nuevo escenario, las mal llamadas técnicas de “gestión del tiempo” no solo son insuficientes para resolver los problemas actuales, sino que contribuyen a dificultar su resolución, ya que parten de premisas falsas, dibujan escenarios irrealistas y plantean soluciones absurdas e inviables.
En la Era del Conocimiento, mañana es demasiado tarde. Intentar organizar o planificar un futuro impredecible solo conduce a la frustración y al estrés. La productividad personal hay que expresarla minuto a minuto, en el presente, identificando de entre todo lo que se puede hacer en un momento dado, qué es lo que contribuye más a generar valor y, a continuación, haciéndolo.
El trabajador del conocimiento no necesita saber gestionar el tiempo. Lo que realmente necesita saber es gestionar su atención, minimizar el impacto que las interrupciones y los cambios constantes de importancia, urgencia y prioridad causan en su rendimiento, pensar de forma analítica, distinguir la información útil de la irrelevante, controlar su estrés, planificar proyectos y, sobre todo, necesita saber tomar buenas decisiones sobre qué hacer y qué no hacer en función de las circunstancias en cada momento y, luego, hacerlo.
Foto principal de Shreyans Bhansali
Comentarios
Daniel Grifol
Buen punto de vista. Hay un par de cositas con las que estoy levemente en desacuerdo:
1.- En lo que llamas "era del conocimiento" creo que la productividad es más que la suma de las productividades de los individuos individuales. Te lo digo como persona productiva en un escenario ineficiente. Creo que sería más justo aplicar un factor multiplicador para cambiar la definición: "La productividad del sistema es la suma de las productividades de las personas que lo forman potenciadas o atenuadas por la eficiencia del entorno en el que trabajan". Es dificil alcanzar el equilibrio de reuniones, documentaciones y asignaciones de tareas en un ecosistema productivo, aunque las personas que lo forman realmente lo sean.
2.- Sí creo que un trabajador debe saber gestionar el tiempo, compartimos la visión pero no el concepto me temo. En los metodos de producción tradicionales el tiempo que se asignaba a cada tarea viene dado por la planificación global. En los sistemas actuales, cada trabajador es responsable de su propio tiempo utilizandolo de forma inteligente para maximizar el cumplimiento de objetivos.
Digo que comparto el concepto porque pienso exactamente lo mismo que expones en este punto. Como trabajadores, tenemos un objetivo a cumplir en una determinada fecha y somos dueños de nuestro tiempo para llevarla a cabo de forma eficiente y productiva. La productividad por definición viene dada por la gestión eficiente de los recursos. El unico recurso del que disponemos a nivel personal normalmente es el tiempo. Por tanto, la productividad personal viene dada por la gestión eficiente del tiempo.
Estupendo artículo y muy bien documentado maestro, gracias por ayudarnos a crecer.
José Miguel Bolívar
Muchas gracias, Daniel.
Totalmente de acuerdo con el primer punto. Te "compro" tu definición punto por punto. Lo que quería expresar en el post es que, sea vía productividad individual [personal] o vía productividad colectiva [centrada en las personas], la productividad en la Era del Conocimiento no viene definida por la cadena de producción sino por las personas.
En cuanto a la gestión del tiempo, ahí discrepo. Un recurso es algo que está en tu mano cambiar. Puedes añadir capital, modificar el flujo de entrada de materia prima, disminuir la mano de obra... Pero no puedes cambiar el tiempo. Todos tenemos 24 horas. El tiempo no es un recurso sino un factor limitante. Lo mismo que puede ser tu nivel de energía, el lugar en el que te encuentras o las herramientas que tienes a tu alcance en un momento dado. Lo que sí está en tu mano gestionar es tu atención. Hay muchas cosas que compiten por ella y tú puedes decidir si prestársela, en qué medida, si de forma plena o fragmentada, o si simplemente no prestársela. De tomar buenas decisiones sobre a qué dedicar tu atención en cada momento es de lo que depende tu productividad.
Un saludo
Daniel Grifol
Pues curiosamente ayer me acosté pensando en esta cuestión y me dí cuenta de que lo que se contempla en las gráficas de productividad que suelo manejar y se define como variable "tiempo" en realidad estaría mejor expresada como "tiempo empleado en el proyecto", que podría traducirse facilmente en "atención", así que en cierto modo si que coincidimos en este aspecto.
Según he entendido entonces, desde tu punto de vista el recurso del que disponemos es la atención y, haciendo una metáfora un poco de andar por casa, esa atención es como el agua de un rio: tienes una cantidad finita de agua disponible en una determinada unidad de tiempo. Tu visión de la productividad en este sentido consiste en canalizar la mayor cantidad de agua (atención) para poder aplicarla en tareas valiosas, como regar campos o dar de beber a los animales, permitiendo que se desperdicie lo minimo posible. (Simplificando y obviando totalmente los factores psicológicosde atención, por supuesto)
Creo que voy a profundizar un poco en esta reflexión sobre tratar la atención como un recurso mesurable y pasajero.
Muchísimas gracias por compartir tus opiniones José Miguel.
José Miguel Bolívar
Me gusta la metáfora y la conversación :) Puede parecer un detalle semántico pero creo que es importante, porque está claro que quien gestiona la atención es la propia persona. En ese sentido añade un elemento de capacidad unido a otro de responsabiliad. La productividad tendría por tanto un componente importante de perspectiva, entendida como capacidad de entender las consecuencias, positivas o negativas, de dedicar o no atención, mayor o menor cantidad, a unas cosas u otras.
Un abrazo,
Carlos
Gran Post: felicidades. Hace unos años, el fallecido Vicenç Badenes me pidió que escribiera algo para "La Factoría", editada por el también fallecido Carlos Navales sobre mi experiencia en innovación contrabajadores mayores en Mercedes-Benz y me hizo reflexionar exactamente sobre este punto, que cuanto más productivos queremos ser, menos productivos somos. Sólo que tú lo has expresado infinitamente mejor: http://www.revistalafactoria.eu/restrict.php?tipo=articulo&id=510 y aquí se puede acceder in ser suscriptor http://innovationforgrowth.wordpress.com/2010/01/04/productividad-vs-productivismo-como-no-perder-dinero/
Angel
Es cierto: cuando hablamos de productividad, Taylor siempre aparece por nuestra cabeza, incluso en las más novedosas técnicas Lean.
Asumimos que si no se puede medir, no se puede mejorar.
Es evidente que los resultados siempre se pueden medir, pero el cambio de paradigma es ¿se puede medir el proceso?, ¿que se mide?
Es un problema muy interesante, que creo no tiene una respuesta sencilla o quizá la más sencilla de las respuesta, sea la correcta...
Jose Miguel Miguel
Estoy de acuerdo contigo en que la respuesta no es sencilla. Sobre todo, no es simple. Por otra parte, no comparto la asunción de que haya que medir todo. Lo que no se conoce, no se puede mejorar. Medir puede ser opcional, sobre todo cuando el esfuerzo necesario para medir bien lo que es relevante no tiene un retorno claro. La obsesión por medir también proviene, y tiene sentido, en un entorno de cadena de producción. En el momento que aparecen los valores cualitativos, muchos de ellos de carácter subjetivo, la medición se complica a la vez que proporciona información menos útil. El problema es que, en ese afán por medir, se acaba midiendo lo fácilmente medible en lugar de lo que sería realmente útil medir. Y en realidad, con frecuencia da igual. En una organización, se sabe quiénes son productivos y quienes no. Y no suele ser porque haya una serie de indicadores que se publican regularmente. Lo que es importante no es dedicar tiempo a mejorar lo que ya existe sino a pensar cómo mejorarlo, tanto de forma evolutiva como disruptiva. En el trabajo del conocimiento, medir se convierte, con frecuencia, en un fin en sí mismo y en una rémora para la innovación. Lo verdaderamente importante en el paradigma actual de la productividad es asegurarte de conocer todas las opciones entre las que tiene sentido elegir en cada momento, elegir la mejor de ellas y hacerla.
Juanjo Caba
Implantar este paradigma en el contexto de la Administración Pública (que es donde me desenvuelvo profesionalmente) es muy complejo. No sólo los equipos directivos están anclados en los conceptos Tayloristas (decimonónicos), sino que los propios trabajadores públicos consideran que la autogestión del trabajo relacionado con el conocimiento son prácticas demasiado arriesgadas.
La labor de concienciación o educación se presupone duro y complejo. Post como este nos aportan luz en este tunel del tiempo en el que vivimos las administraciones.
Enhorabuena José Miguel ;-)
José Miguel Bolívar
Muchas gracias, Juanjo. Afortunadamente cada vez somos más los que nos damos cuenta de este necesario cambio de paradigma y "evangelizamos" en esta nueva dirección. Cualquier organización que dependa del conocimiento y siga siendo administrada según el modelo burocrático, tanto si es pública como si es privada, necesita urgentemente cambiar hacia estructuras y formas de abordar el trabajo acordes con los tiempos que vivimos. De no hacerlo, acabarán colapsando. Es solo cuestión de tiempo.
Un saludo!
Rafael Hernampérez
El Taylorismo es un concepto que aún se sigue aplicando y es válido para, como bien dices, en cadenas de producción, donde todo es medible para crear teorías de excelencia. Sin embargo, en la era del conocimiento la productividad cobra otro sentido, en donde el clima, el escenario de creatividad, la capacidad de innovar procedimientos y el talento del trabajador cambia por completo la ecuación taylorista. Cada vez se ve más sistemas de agilismo, donde se demuestra que en los entornos innovadores, dinámicos y competitivos, el conocimiento es más valioso que la velocidad en que procesas.
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