Este título me encanta, no es mío, pertenece a un libro de Educación Experiencial que he releído un montón de veces, y me gusta porque explica perfectamente el mal entendido que tenemos en cuanto al manejo de las emociones, y más aún en ámbitos profesionales como el que nos movemos los profesionales independientes y los emprendedores, en dónde debemos “saber estar” y en muchas ocasiones ocultar lo que realmente está pasando en nuestro interior.
La mayoría de nosotros ha observado a personas lanzando cáscaras de naranja o corazones de manzana en el monte y cuando se les pregunta acerca de su actitud, simplemente responden que son biodegradables. Parece que el término biodegradable tiene una cualidad mágica que hace que instantáneamente las cosas se descomponen o disuelven. Lo que no tenemos en cuenta es el tiempo que tardan muchas de estas cosas en degradarse.
En una manera similar, creemos que si las emociones de tristeza o incomodidad son dejadas a un lado y desatendidas, ellas mágicamente desaparecerán, sin embargo si éstas no se han resuelto son un contaminante del sistema humano. Aunque las emociones sean escondidas o se repriman, las personas seguimos influenciadas o a veces cargadas por ellas. El impacto de estas emociones usualmente se ven, y las personas no somos conscientes de que nos estamos intoxicando de muchas maneras. Estas emociones no son biodegradables a menos que nosotros les pongamos atención.
Lo que nosotros hemos aprendido a hacer con nuestras emociones es:

Así es como se da la contaminación. Un cambio beneficioso podría ser hacer un seguimiento de las emociones, navegar con ellas aprendiendo a:

1. Dejar que fluyan:
Identificar y conocer las emociones.
¿Qué estas sintiendo?
Estar con ellas más que abolirlas.
Mirar las emociones profundas
Observar los Signos típicos: Emociones superficiales: usualmente debajo de cada emoción superficial se esconde una emoción más profunda y dolorosa. Su principal objetivo es mantener el equilibrio. Signos psicosomáticos: a menudo los síntomas físicos dejan ver emociones más profundas. El lenguaje: Lo que nos decimos y lo que le decimos a otros. Nuestro diálogo interior.
Estos signos pueden darnos información y ayudarnos a identificar y conocer nuestras emociones.
2. Dejar que te toquen:
Realzar y aceptar las emociones:
Está bien sentir.
Es saludable sentir.
No es necesario explicarlo o buscar la causa.
Vive con tus emociones como si ellas vinieran en una ola. Al igual que llegan… se van…
3. Expresarlas:
Entregarlas y comunicar emociones.
Yo siento…
Cuando se expresan, las emociones pueden ser cambiadas.
Los momentos de intensidad son limitados.
La emoción más típica que se nos presenta a los profesionales independientes y emprendedores suele ser el miedo, debido a la incertidumbre constante en la que vivimos y a las situaciones de cambio que debemos asumir en cada momento. Y les aseguro que es vital, tener una red de apoyo personal, que nos facilite reconocer, sentir y expresar nuestras emociones.
En este estado, nosotros recuperamos la lata de aluminio, la ponemos en nuestro morral y la llevamos fuera. Similarmente, nuestras emociones son recuperadas, experimentadas y llevadas fuera de nuestro sistema, para poder estar más sanos y afrontar mejor las situaciones de estrés y ansiedad que se nos presentan día a día.
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