Un proyecto de Innovación debe plantearse con un enfoque integral.
Para que la innovación no sea algo meramente folclórico (la fiesta anual de la innovación), anecdótico (los chicos del box del fondo del pasillo) o cosmético (desintegrado del negocio)…, debe uno aproximarse con un enfoque sistémico. Parece una obviedad pero a menudo observamos como este tipo de iniciativas no tienen el impacto esperado o no son sostenibles en el tiempo porque no se diseñó un ecosistema que acogiera nuevas actitudes, nuevas formas de trabajar, nuevas formas de gestionar y liderar, en definitiva, un profundo cambio cultural.
Hoy en día la innovación está lejos de las rígidas estructuras donde antes se fraguaba la mayor parte de la actividad productiva. Hoy, esas medianas-grandes empresas, tienen la oportunidad (la necesidad!) de mirar ahí fuera y ver qué está pasando en las redes, los “garajes”, los viveros de empresa, los centros de co-working y encuentro, las asociaciones informales, los nuevos productores de servicios y productos, para los que la innovación viene de serie, forma parte del líquido amniótico en el que se desarrolla, con naturalidad, pasión y exigencia, su día a día.
La innovación no es un proyecto, es un sistema; no es un comité, es una red; no es un proceso, es una nueva forma de entender la relación con el cliente y el entorno.
Estas fueron algunas de las reflexiones que un pequeño grupo de consultores hemos ido compartiendo las últimas semanas para enfocar un proyecto que pretende sistematizar la innovación en una gran empresa de ámbito multinacional.
Las líneas de trabajo que entendemos que un proyecto de innovación requiere, se enmarcan en tres grandes áreas de impacto:
El cambio cultural, es el sustrato que va a permitir que lo nuevo ocurra. En una organización intensiva en conocimiento (como lo son casi todas en esta ya madura sociedad digital), todas las personas contribuyen con sus competencias al proyecto común. El conocimiento y la innovación consecuente surgen de la iteración entre personas que se complementan y se “activan”.
Deben diseñarse plataformas (presenciales y virtuales) que favorezcan que las personas se encuentren y se conozcan. La innovación ha de ser CO-Innovación o no será!.
Forma parte también del cambio cultural, el esquema de valores de la organización. Cómo se incentiva, cómo se reconoce (formal e informalmente: socialmente, económicamente, profesionalmente…) a los que arriesgan a los que se mueven, a los que innovan. Nuestras estructuras están diseñadas (lo reconozcamos o no) para seguir de forma eficiente y segura procesos predefinidos, están diseñadas para inhibir esa participación activa. Es mejor no moverse en la foto, pasar desapercibido (lamentablemente la crisis que vivimos aumenta el miedo laboral e inhibe la acción –siempre “arriesgada”-). Nada funcionará si no desarrollamos un sistema de incentivos (desde RRHH, pasando por toda la cadena de mando) que dé un mensaje cristalino de lo que esperamos de nuestros equipos.
Si RRHH ha de protagonizar ( y desde luego tiene un papel de Prima Donna en la escena) este cambio cultural, deberá repensar desde su función hasta sus procesos: Cómo y a quien “reclutamos”?, (tenemos que seguir reclutando?), cómo se diseñan los planes de carrera? (tienen todavía sentido?), cómo la gente se forma? (aprende!), en qué?, para qué?, con qué herramientas? (el e-learning que compramos hace cinco años!!!?? ), cómo nos comunicamos con los equipos? (hay vida más allá de la intranet! –por muy 2.0 que sea-), Cómo transmitimos mensajes claros, transparentes y creíbles. Cómo conversamos con una organización que ha de levantarse y despertar a otra forma distinta de entender las relaciones laborales y su contribución profesional.
Las nuevas formas de trabajo pasan necesariamente por matizar las estructuras piramidales, jerárquicas, burocráticas. Fueron eficaces en el pasado, sirvieron para la producción masiva en un paradigma económico distinto al que tenemos encima. Redes, redes, redes. Comunidades de práctica: de innovación, de socialización y soporte mutuo, de relación con los clientes, de conocimiento temático, de mejora de procesos, de aprendizaje…Estas estructuras complementarias a la organización formal pueden permitirnos:
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Desarrollar conocimiento de los clientes, su mercado y su contexto
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Sistematizar procesos de Prospectiva, Observatorio, Proactividad
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Perseguir mejoras de eficiencia a través de compartir buenas prácticas y mejorar la operativa
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Disponer de estructuras organizativas para proyectos transversales
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Disponer de sistemas de aprendizaje más eficaces y económicos que la formación tradicional.
Las nuevas formas de trabajo, requieren nuevas formas de liderazgo. Las habilidades de que disponen los responsables de los equipos de trabajo han de afilarse para ser mucho más precisas en estos nuevos contextos. Necesitamos por tanto desarrollar un liderazgo que fomente la innovación, la colaboración, la gestión del conocimiento. Un liderazgo del s.XXI que comprenda las nuevas dinámicas de la economía del conocimiento. Que conozca las nuevas herramientas disponibles, que identifique talento y que lo ponga en circulación, que no se asuste ante el “desorden” intrínseco a determinadas fases del proceso creativo, que fomente la relación entre los profesionales (aunque no sean de su área, de su ámbito de “control”). Ser un nodo más en la red aportando conocimiento y experiencia, en lugar de vigilancia y control.
Por último, un plan que pretenda sistematizar la innovación, necesita un sistema de gobierno. La Gobernanza de la innovación es compleja por la dificulta de evaluar los indicadores que lleva asociados. Los indicadores relacionados con los cambios culturales llevan implícito un sesgo cualitativo, dejando al margen que han de medir un cambio y por lo tanto, necesitan de un histórico de referencia.
Por su parte, los indicadores de negocio han de monitorizar los proyectos originados o mejorados gracias a la innovación. En muchas ocasiones resulta organizativamente difícil identificar a estos proyectos y por lo tanto medir el retorno de la innovación. Pero a pesar de las dificultades debemos ligar cualquier iniciativa del programa a un sistema de indicadores de negocio y estos han de poder ser monitorizados para comprobar como avanza el buque.
Ahora que me viene la palabra buque a los dedos, recuerdo hace unos tres años que un cliente, para explicarme cómo podíamos colaborar dijo algo así: “mira, yo soy un trasatlántico y tú una lancha motora. Lo que necesito es que navegues cerca, cuando avistemos tierra que te adelantes, te pasees por las tabernas del puerto, te enteres de lo que pasa por ahí, y de vez en cuando, te vistas de gala, subas a cenar con nosotros y nos cuentes que pasa ahí fuera. A cambio, yo le paso un manguito a tu lancha para que tengas suficiente gasolina para ir y venir y para darte una vuelta por donde quieras”.
Él no lo sabe, pero el concepto "The Project", le debe mucho a aquellos 5 minutos.
Buena suerte navegantes!