En un post que escribí hace tiempo reseñando mi visita a d.School, la Escuela de Diseño de la Universidad de Stanford, decía que el término “Design Thinking” o “Pensamiento de Diseño” (PD) nunca me ha gustado.
Confunde más que ayuda porque es contra intuitivo a la hora de explicar que no consiste en diseñar objetos. Creo, en cambio, que la forma más adecuada de llamarlo sería “Anthropological Doing” o “innovación antropocéntrica”, y explicaré por qué.
Pero antes de seguir, por si no conoces el concepto, diré que el PD es una metodología de resolución de problemas aplicable a cualquier ámbito que requiera un enfoque creativo, y que se basa en estos principios: 1) Empatía: una observación profunda y multidisciplinar de las necesidades de los usuarios, incluyendo las emociones, 2) Imaginación: la búsqueda “optimista” de soluciones inspirándose más en la imaginación que en el pensamiento analítico, 3) Experimentación: la visualización de posibles alternativas de solución mediante la experimentación, el juego y la construcción de historias visuales y sentidas con los usuarios, 4) Prototipado colaborativo: el uso de técnicas de prototipado para generar modelos que ayuden a visualizar las alternativas y validarlas en equipo, 5) Pensamiento integrador: la capacidad de síntesis de los factores que afectan la experiencia de usuario, más allá del producto y con toda su complejidad, 6) Aprendizaje iterativo: la iteración del proceso de observar-crear-prototipar-validar cuantas veces sea necesario, para aprender en cada paso, hasta encontrar la mejor solución.
Pues nada, volviendo a mi comentario inicial, cuando escucho que la empatía de los diseñadores es la base del Pensamiento de Diseño, suelo poner sonrisa-pirata, porque me parece una exageración interesada. Algunos atributos que se les suponen a los diseñadores son, como mínimo, discutibles. Por eso, aunque en IDEO se empeñen en repetirnos que “esta metodología está inspirada en la forma de trabajar de los diseñadores”, yo sigo sin creérmelo.
La verdad es que conozco a bastantes diseñadores-divos, que son poco empáticos, y a los que sólo les motiva concebir artefactos estéticamente deslumbrantes. Hay mucho diseñador con pretensiones de artista, y el arte no es precisamente una disciplina que busque la empatía, más bien lo contrario, porque invita a la expresión del yo, sin condicionamientos de otros.
De hecho, el modelo que IDEO defiende no es, ni mucho menos, compartido con aplausos por el mundo purista del diseño. Hay mucho diseñador-artista que se siente traicionado por la escuela del PD porque opina que es una invasión de los consultores, una mercantilización de la parte más genuina del espíritu del diseñador.
También es verdad que dentro de lo que llamamos “Diseño” hay muchas escuelas, y de eso habría que hablar. Por ejemplo, el diseñador industrial se aproxima mucho más al arquetipo de “pensador de diseño” que el gráfico. Lo mismo puedo decir del llamado Strategist Designer, una figura emergente en el mundo del diseño que responde mejor a los fundamentos del PD que otros.
Lo que ha pasado, en realidad, es que existe un tipo específico de diseñador que ha defendido un enfoque más “funcional” del diseño pero sin descuidar las emociones. Un tipo concreto y puntual de diseñador que se ha hastiado de la visión superficial del diseño, demasiado centrada en la estética hueca, y entonces ha dado un golpe en la mesa reclamando una visión más: 1) empática, 2) menos elitista, 3) más expandida, 4) más estratégica, de transformación.
Así que esta metodología de pensar/hacer no nace gracias a la teoría y práctica del diseño, ni porque la escuela de diseñadores enseñe por definición a pensar así, sino porque los Tim Brown y David Kelly eran en realidad consultores de innovación, se veían más como hacedores/innovadores que como artistas, y entonces a partir de ahí extrajeron algunas enseñanzas del campo del diseño, y la mezclaron casi en partes iguales con muchas otras disciplinas.
Zachary Jean Paradis recuerda que la mayoría de los métodos y técnicas que usan los “pensadores-de-diseño” provienen de otras disciplinas. La visualización y apreciación del color y de las formas son deudoras del arte, el prototipado y la pasión por los materiales de la ingeniería, mientras que el pensamiento sistémico y los métodos de observación de las ciencias sociales.
Conviene destacar especialmente la rica aportación que hacen las Humanidades. La presencia de antropólogos, psicólogos, sociólogos y etnógrafos, entre otros, permite realizar una lectura mucho más completa y multidimensional de las necesidades de los usuarios. Y de todas estas disciplinas, es la antropología la que mejor sintetiza esta forma de entender la innovación (mucho más que el diseño), y por eso proponía al inicio del artículo un nombre alternativo al de “Design Thinking”.
En d.School insisten mucho que un “designer” puede no ser “design thinker” del mismo modo que éste último podría no ser un diseñador. Esto es fundamental que se entienda: el PD se puede cultivar por cualquier persona aunque no sea diseñador, si estudia y practica el método.
De hecho, pregunté durante mi visita si había algunas disciplinas o profesiones que se resistían más, que eran más reacias al PD en los programas de formación que impartían; y curiosamente me contestaron, con la sonrisa contenida, que los más reacios eran a menudo los propios diseñadores, lo que demuestra que “Pensador de Diseño” no equivale a “Diseñador”.
Por terminar, lo que aporta el Design Thinking no es “diseño”, sino “innovación”. No es “pensar” sino “hacer”. Es una práctica que potencia el prototipado y la iteración, en lugar de la planificación que se asocia con el término “thinking”. Es algo distinto a pensar bien, porque se necesitan muchas otras habilidades para encontrar soluciones que emocionen.
Si quieres profundizar más en Pensamiento de Diseño puedes consultar esta web o este blog.
Comentaris
Maite
Excelente, Amalio, como ya nos tienes acostumbrados.
Te seguiré mañana en streaming. Un abrazo, Maite
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